sábado, 10 de marzo de 2012
Ingmar Bergman: 'La sed'
Uno de los problemas (si problema se les puede llamar) a la hora de afrontar un análisis exhaustivo de la obra fílmica de Ingmar Bergman, es que sus primeros filmes no se diferencian excesivamente unos de otros, al menos en apariencia, lo que sumado al limitado conocimiento que la masa de espectadores actual tienen sobre él, produce la sensación de que estamos hablando una y otra vez de la misma película. Y en cierto sentido así es. Dicen que algunos grandes directores siempre hacen la misma película…con variaciones. Mi percepción es que Bergman, en sus primeras diez películas, fue introduciendo las anteriores en la más reciente, como se hace con las matrioskas, creando una forma más perfecta a medida que iba depurando su estilo y reflexionando sobre el trabajo previo. Esto no significa, necesariamente, que la nueva obra fuera de mayor importancia que la anterior, pero sí que su director iba ensanchando, con paciencia y denuedo, su talla artística como director de películas, introduciendo nuevos temas, poniéndose cada vez el listón más alto. Está claro que el director de ‘Crisis’ (‘Kris’, 1945) no podría haber dirigido, con el aplomo y la mirada con lo que dirigió pocos años más tarde, ‘La sed’ (‘Törst’, 1949).
Regresamos al existencialismo profundo de su película anterior, pero también a la tragedia de una pareja para la que es casi imposible mantenerse unida, y a la crítica de un entorno hipócrita incapaz de comprender que el individuo (las partes) es más importante y frágil que la sociedad (lo totalidad), y que siempre se sufre y se muere solo. Y, por supuesto, también a la sensación de que Dios tiene mejores cosas que hacer que escucharnos un poco. Lo que ‘La sed’ propone en añadidura a todo lo que antes había explorado Bergman es una insólita (hasta ese momento de la obra bergmaniana, al menos) estructura narrativa, en la que los saltos temporales y la alternancia de personajes cobran especial relevancia, y en la que la verdad nace más del contraste entre el pasado y el presente, que de una observación directa y precisa de ese presente. Y es que Bergman, cada vez más (y creo que los grandes directores hacen precisamente eso) se iba preocupando más de la forma de contar sus historias que del material dramático que contaba, aunque sin desmerecerlo. Bergman sabía ya que en el arte lo que importa es el cómo.
Pero lo que más llama la atención es que por primera vez Bergman introduce una crítica también potente hacia una pareja que es, sin duda, una pareja burguesa, con todo lo que ello implica de celos infantiles, codependencia, inmadurez frente al dolor. Y lo hace confrontando la rutina más bien gris de esa pareja con la situación dantesca de la Europa de posguerra, en un inteligente guión del que pueden rastrearse, una vez más, las huellas del Strindberg más atormentado (en todo lo relativo a la guerra de sexos y la institución endeble del matrimonio), pero también las de un neorrealismo feroz y en el que Bergman introduce, con gran elegancia y contención, una tensión psicológica extrema. Pero mientras en ‘Prisión’ (‘Fängelse’, 1949), estrenada en Suecia ese mismo año, Bergman acentuaba sus virtudes y escondía bien sus defectos, aquí la enorme tensión de algunos tramos se ve devaluada por la tendencia a fragmentar las secuencias, y a superponer los dramas íntimos de los personajes, con lo que en cierto modo el pasado de Rut y el de Bertil, así como los recuerdos de Viola o de Raoul, terminan enfangándose un poco unos con otros, y la potencia del drama disminuye.
La eterna dificultad del amor
Quizás se titule ‘La sed’ porque todos los personajes de esta película, hasta el más episódico, provoca un enorme sentimiento de insatisfacción personal (lo que les lleva a un nerviosismo latente, a hablar, a comer, a beber sin parar…), una insatisfacción que no saben cómo llenar y que les empuja a ignorar a las personas que tienen alrededor. Rut y Bertil son una pareja acomodada pero llena de dudas, de recuerdos terribles, de aflicciones incurables que no se atreven a contarse el uno al otro (la clásica incomunicación de Bergman), y en el inevitable viaje que han de realizar a través de la devatada Alemania de 1946 surgirán, como un volcán, emociones y sentimientos que ninguno de los dos podrá reprimir ya más. En ell egoísmo y la mezquindad de ambos caracteres nos sentimos identificados como seres humanos, pero también les compadecemos porque Bergman, que es un gran artista y tenía un gran corazón, siempre permite un rayo de esperanza, una chispa de luz y de dignidad a sus torturados personajes, para quienes el amor, siempre, es una batalla perdida, y el peso del pasado es demasiado grande para empezar de nuevo.
El viaje por la Europa de posguerra es interesante porque Bergman lo utiliza como expresión visual de los sentimientos inalcanzables de sus personajes, y como la visión que estos tienen de un mundo que no les hace felices. Sin embargo, sí que hay algo de realismo y de descripción pura de la situación de muchas personas tras la guerra, del hambre y de la desesperación…si bien finalmente las emplea como catarsis para el hambre y el vacío (y la sed espiritual) de su pareja protagonista. Su actor fetiche por aquellos años, el oriundo de Gräsö Birger Malmsten, que todavía trabajaría con el director en algunos títulos más, vuelve a bordar un papel de gran complejidad, no tanto por la profundidad de un personaje que es ante todo un arquetipo burgués, sino por la dificultad de algunas situaciones dramáticas en las que la ambivalencia moral es norma. A ello une Bergman una puesta en escena mucho más nerviosa y enérgica que en anteriores ocasiones, con cortes de montaje mucho más abruptos, frecuentes cambios de altura de la cámara, contrapicados y movimientos que no son (ni serán) habituales en su cine.
Conclusiones
Película con momentos notables, que vale más por lo que busca (aunque detesto esa expresión) que por lo que encuentra, aunque lo que encuentra se erige en momentos de espléndida dirección de actores (¿hacía falta decirlo?) cada vez más ajustada a la puesta en escena y a la técnica narrativa. ‘La sed’ supondría un gran éxito en su país y en Francia, y muchos empezaban a esperar con ansiedad la primera gran obra del joven director nórdico. Pero aún tendrían que esperar un poco más.
Adrián Massanet 13 de agosto de 2011
Fuente: http://www.blogdecine.com/criticas/ingmar-bergman-la-sed
Amedeo Modigliani
Nombre completo
Amedeo Clemente Modigliani
Nacimiento
12 de julio de 1884 - Livorno
Fallecimiento
24 de enero de 1920 - París
Nacionalidad
Italiana
Área
Pintura
Amedeo Clemente Modigliani (Livorno; 12 de julio de 1884 - París; 24 de enero de 1920) fue un pintor y escultor italiano, perteneciente a la denominada Escuela de París.
Arquetipo del artista bohemio, en su vida hubo estupefacientes, alcohol, mujeres, pobreza y enfermedad, y sólo alcanzó la fama después de muerto.
Biografía
Italia: Infancia y estudios
Fue el cuarto hijo de Eugenia Garsin, una francesa nativa de Marsella, y de Flaminio, nacido en Roma. El padre de Amedeo se dedicó a una profesión tradicional de los judíos europeos: el préstamo. Pero era mal negociante. Prestaba atendiendo más a las necesidades que a las garantías de sus clientes, y muy pronto debió recurrir él mismo a otros prestamistas.
Así como Flaminio Modigliani era benevolente con sus clientes, sus acreedores fueron inflexibles. Eugenia estaba embarazada de Amedeo cuando los oficiales de la justicia se presentaron en su casa. Una vieja ley italiana sirvió para dar un respiro a la familia: todos los objetos que estuvieran sobre la cama de una mujer embarazada eran intocables. Flaminio y Eugenia acumularon en su cama de matrimonio todas las joyas y objetos de algún valor que aún poseían. Esa pequeña fortuna les sirvió para instalarse en una casa más modesta y tratar de comenzar una nueva vida.
Flaminio se alejó de Livorno para probar suerte en la minería. Eugenia abrió una escuela de lenguas para señoritas, a la vez que se dedicaba a escribir cuentos y artículos literarios para algunos periódicos. Mientras tanto, criaba a sus cuatro hijos, y así es como Modigliani pasa su infancia entre la pobreza y la enfermedad.
A los 14 años, Amedeo ("Dedo", como lo llamaban en su familia) comenzó a tomar clases de pintura con Guglielmo Micheli, un discípulo de Fattori, uno de los pintores del movimiento florentino conocido como los macchiaioli, un nombre que eligieron a partir de los ataques de algunos críticos que decían que pintaban con manchas ("macchie"). Poco después de comenzar sus estudios de pintura, Amedeo sufre un ataque de fiebre tifoidea y dos años más tarde una tuberculosis. En 1898, su hermano de 26 años, Emmanuele, es condenado a seis meses de prisión por ser militante del movimiento anarquista.
En 1902, Amedeo se inscribe en la Escuela libre del Desnudo, Scuola libera di Nudo en Florencia y al año siguiente en el Instituto de las Artes de Venecia, ciudad en la que se mueve por los bajos fondos.
París: arte y desenfreno
En 1906 se traslada a París, que es por la época el centro de la vanguardia. En el Bateau-Lavoir, un falansterio para proletarios de Montmartre, conoce a Max Jacob, Van Dongen, Picasso, Guillaume Apollinaire, Diego Rivera, Chaïm Soutine, Vicente Huidobro y otros personajes célebres. Influido en principio por Toulouse-Lautrec, Amedeo encuentra inspiración en Paul Cézanne, el cubismo y la época azul de Picasso. También es evidente la influencia que ejercen sobre él Gustav Klimt y las estampas del japonés Utamaro. Su rapidez de ejecución le hace famoso. Nunca retocaba sus cuadros, pero los que posaron para él decían que era como si hubiesen desnudado su alma.
En 1909, pasa un breve período en Livorno, enfermo y deteriorado en su salud por los excesos de su vida. Regresa a París y alquila un estudio en Montparnasse. Se considera a sí mismo más escultor que pintor, y siguió sobre esa vía cuando Paul Guillaume, un marchante joven y ambicioso le presenta a Constantin Brâncuşi.
Descubre el arte africano y camboyano en el Musée de l'Homme de París. Sus estatuas se reconocen por los ojos almendrados, las bocas pequeñas, las narices torcidas y los cuellos alargados. Se presentó una serie en el Salón de Otoño de 1912, pero tuvo que dejar de esculpir porque el polvo le causaba problemas de salud.
Retrató a los habituales de Montparnasse, como Soutine, Diego Rivera, Juan Gris, Max Jacob, Blaise Cendrars y Jean Cocteau.
Al iniciarse la Primera Guerra Mundial, intenta alistarse, pero su precaria salud se lo impide.
Conocido como "Modì" por sus amigos, Amedeo emana magnetismo hacia las mujeres. Tiene numerosos romances hasta que entra en su vida Beatrice Hastings, con la que mantendrá una relación de unos dos años. Ésta le sirve de modelo en varios retratos, como "Madame Pompadour". Cuando está bajo los efectos del alcohol, es triste y violento, como muestra el dibujo de Maria Vassilieff. Sobrio, es tímido y encantador, le gusta citar a Dante Alighieri y recitar poemas del libro del conde de Lautréamont Los cantos de Maldoror ("Les Chants de Maldoror") libro del que siempre tiene cerca un ejemplar. En 1916, conoce al poeta y marchante de arte polaco Léopold Zborowski y a su mujer Anna. Modigliani lo retrata en varias ocasiones, cobrándole sólo diez francos por retrato.
El siguiente verano, la escultora ucraniana Chana Orloff le presenta a su amiga Jeanne Hébuterne, una estudiante de 18 años que había posado para Foujita. Cuando la familia burguesa de Jeanne se entera de esta relación con el que era considerado un depravado, le corta su asignación económica. Sus tormentosas relaciones se hicieron aún más famosas que sus borracheras.
El 3 de diciembre de 1917 se celebra su primera exposición, en la galería de Berthe Weill, pero horas después la autoridad la cierra por indecencia. Debido a sus problemas de salud, tiene que trasladarse a Niza con Hébuterne, que da a luz en 1919 a una hija a la que llamará Jeanne. Por sugerencia del marchante Guillaume, realiza una serie de desnudos (ahora sus obras más cotizadas), con la pretensión de venderlos a los millonarios que veranean en la Costa Azul, sin mayores éxitos.
En mayo de 1919, vuelve a París, a la calle de la Grande Chaumière. Su salud se deteriora con rapidez ya que seguía con sus vicios. Tras un largo período en el que sus vecinos no sabían nada de él y después de una noche de excesos y de haber peleado con unos vándalos en la calle, le encuentran delirando en la cama a la vez que sostenía la mano de Jeanne embarazada casi de nueve meses. Lo único que puede hacer el médico es atestiguar que su estado es desesperado. Muere de meningitis tuberculosa el 24 de enero de 1920. Unos días antes había pedido el permiso al gobierno francés para contraer matrimonio con Jeanne.
Los más importantes artistas de Montmartre y Montparnasse siguen los funerales. Jeanne Hébuterne, llevada a casa de sus padres, se suicida tirándose desde la ventana de un quinto piso, después del funeral de Modigliani, embarazada por segunda vez.
La hermana de Modigliani que vivía en Florencia, adopta a su hija huérfana. Ésta escribirá una importante biografía de su padre titulada: Modigliani: Hombre y mito.
Fuente:
http://es.wikipedia.org/wiki/Amedeo_Modigliani
miércoles, 29 de febrero de 2012
Con el agua al cuello - Petros Márkaris
________Un caluroso domingo del verano de 2010, el comisario Jaritos asiste a la boda de su hija Katerina, esta vez por la Iglesia y con fanfarria musical. Al día siguiente, poco después de llegar a Jefatura, le informan del asesinato de Nikitas Zisimópulos, antiguo director de banco, degollado con un arma cortante.
El macabro homicidio coincide con una campaña que alguien, amparándose en el anonimato, ha emprendido contra los bancos, animando a los ciudadanos a que boicoteen a las entidades financieras y no paguen sus deudas e hipotecas. Lo cierto es que Grecia, al borde de la bancarrota, pasa por un momento muy crítico, y la población no duda en salir a la calle para quejarse de los recortes en sueldos y pensiones.
Para colmo, Stazakos, el jefe de la Brigada Antiterrorista, sostiene que el asesinato de Zisimópulos podría ser obra de terroristas. Jaritos, en desacuerdo con esa hipótesis, tendrá que apañárselas con sus dos ayudantes para enfrentarse a un asesino cuyos crímenes apenas acaban de empezar.
martes, 28 de febrero de 2012
La máquina del tiempo - H. G. Wells
__________H. G. Wells
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Autor y filósofo político inglés, famoso por sus novelas de ciencia-ficción, que contienen descripciones proféticas de los triunfos de la tecnología así como de los horrores de las guerras del siglo XX. Herbert George Wells nació el 21 de septiembre de 1866, en Bromley, Kent, estudió con una beca en la Normal School of Science de Londres. Trabajó como aprendiz, contable, tutor y periodista hasta 1895, en que pudo dedicarse por completo a escribir. Su relación con Rebecca West, que duró diez años, dio como fruto un hijo, Anthony West, nacido en 1914. Durante los siguientes 50 años escribió más de 80 libros. Su primera novela, La máquina del tiempo (1895), en la que se entrelazaban la ciencia, la aventura y la política, obtuvo un éxito inmediato. A ella le siguieron gran cantidad de obras en esta línea, como El hombre invisible (1897), La guerra de los mundos (1898) y Las cosas del futuro (1933), todas ellas dieron origen a una película. Wells escribió asimismo novelas en las que llevaba a cabo extensos retratos de los personajes, ejemplos de las cuales pueden ser Kipps (1905) y La historia de Mr. Polly (1910), en los que describe con fina ironía el fracaso de las aspiraciones sociales de sus protagonistas. En ambas se deja entrever el medio en que pasó su juventud; la primera cuenta la historia de un profesor cuyo trabajo no recibe el reconocimiento que merece, mientras la segunda retrata a un aprendiz de una mercería. La gran mayoría de sus restantes libros se pueden clasificar como novelas sociales. Entre ellas se encuentran Ann Veronica (1909), en la que defiende los derechos de las mujeres; Tono-Bungay (1909), un ataque al capitalismo irresponsable; y Mr. Britling va hasta el fondo (1916), que describe la reacción del inglés medio ante la guerra. Después de la I Guerra Mundial escribió una obra histórica que se hizo inmensamente popular, El esquema de la historia (2 volúmenes, 1920). A lo largo de toda su vida, Wells se preocupó, y dejó amplia constancia de ello, de la supervivencia de la sociedad contemporánea. Durante un breve periodo de tiempo fue miembro de la Sociedad fabiana. Aunque creyó firmemente en la utopía según la cual las vastas y terroríficas fuerzas materiales puestas a disposición de los seres humanos podrían ser controladas de un modo racional y utilizadas para el progreso y la igualdad entre los habitantes del mundo, poco a poco fue volviéndose más pesimista. Así Del 42 al 44 (1944) criticaba a la mayoría de los líderes mundiales de ese periodo; y El destino del homo sapiens (1945) expresaba las dudas del autor acerca de la posibilidad de supervivencia de la raza humana. Escribió asimismo Experimento de autobiografía, antes de su muerte, acaecida el 13 de agosto de 1946, en Londres.
La máquina del tiempo
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Obra que se halla en los inicios de la novela de ciencia-ficción, LA MÁQUINA DEL TIEMPO (1895) sigue conservando el mismo poder de fascinación y vigor narrativo que le valieron el éxito inmediato en el momento de su publicación. Afortunada síntesis de los conocimientos científicos del autor, del maquinismo que hacía furor en la época y de la visión escéptica de HERBERT GEORGE WELLS (1866-1946) respecto al rumbo tomado por la sociedad que le tocó vivir, el relato -un clásico- describe un futuro inquietante en el que dos razas semibestiales, los eloi y los morlock, comparten en una peculiar simbiosis un planeta extraño y desolado sobre el que se han cernido catástrofes y transformaciones, pero en el que brilla aún, como tenue esperanza, un hálito de humanidad.
La pequeña vendedora de prosa - Pennac Daniel - Malaussene
___________________Daniel Pennac
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(Casablanca, 1941) publicó La felicidad de los ogros, la primera de sus novelas con los fascinantes personajes de Benjamin Malaussène, y sus peculiares familiares y amigos, en la prestigiosa editorial Gallimard en 1985. Cuando, dos años después, salió la segunda entrega —El hada carabina—, el boca a oreja empezaba a dar sus frutos, y Pennac se convirtió en un autor de culto. Hasta la fecha se han vendido sólo en Francia más de un millón de ejemplares de estos dos títulos, a los que siguieron luego La pequeña vendedora de prosa y El señor Malaussène. Mondadori los recupera ahora y prepara el quinto volumen de la serie, Aux fruits de la passion, inédito en España.
El éxito internacional de Pennac, afianzado por su ensayo Como una novela, ha permitido a este antiguo profesor de instituto dedicarse plenamente a la literatura. Actualmente vive en Belleville, el barrio multirracial de París que es el eje de sus novelas.
La pequeña vendedora de prosa
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Tercera entrega de la entrañable tribu Malaussène, fue considerada por Le Figaro una de las mejores novelas de 1990.
Benjamin Malaussène está harto de ser el chivo expiatorio de la tiránica y genial directora literaria de las Ediciones del Talión: la reina Zabo. Y para colmo de males, ahora su hermana Clara va a casarse con Clarence Saint-Hiver… director de una penitenciaría. Son demasiadas cosas, y renuncia a su trabajo. No por mucho tiempo. La reina Zabo volverá a contratarlo: las ventas del último libro del misterioso J.L.B., el autor de mayor éxito en la casa y al cual nadie ha visto jamás, no están siendo lo que se esperaba. Lo que hace falta es darle un «rostro». El de Malaussène. Escrita con un lenguaje vigoroso en el que los silencios cuentan tanto como los diálogos, llena de humor, aunque por debajo fluya una corriente de fiero escepticismo, en La pequeña vendedora de prosa -considerada una de las mejores novelas de 1990 por el diario Le Figaro, galardonada con el premio Inter y finalista al Goncourt de ese mismo año-, los embustes, las supercherías, la avaricia y los crímenes tienen su contrapartida en la ternura, el amor y la amistad sincera de una tribu pintoresca.
El origen del mal - Grangé Jean Christophe
______________________Jean-Christophe Grangé
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Nació en París, en 1961. Después de diplomarse en letras por la Universidad de la Sorbona, trabajó como redactor publicitario y, posteriormente, para una agencia de prensa. A partir de 1989, comienza a recorrer el mundo para realizar sus primeros reportajes, colaborando con revistas y periódicos internacionales como Paris - Match, The Sunday Times y Nacional Geographic.
Convertido en periodista freelance, funda su propia agencia, L&G, y sigue su periplo alrededor del planeta.
Tras unos años de intensa labor como reportero -reconocidos con la concesión de los premios Reuter y World Press-, en 1994 irrumpe en la escena literaria con El vuelo de las cigüeñas. A pesar de las excelentes críticas recibidas, no sería hasta la publicación de su segunda novela, Los ríos de color púrpura (1998), en que su nombre alcanzaría fama internacional como autor dentro del género de suspense e intriga. Galardonada con el premio RTL Lire, el propio Grangé se encargaría de elaborar el guión de la adaptación a la gran pantalla en la película homónima protagonizada por Jean Reno.
Posteriormente, ha publicado Le concile de Pierre (2000) y El imperio de los lobos (2003).
El origen del mal
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Son niños.
Poseen la pureza de los diamantes más perfectos.
Sin sombras. Sin cortes. Sin defectos.
Pero su pureza es la misma que la del Mal.
El cadáver del director de un coro infantil ha aparecido en extrañas circunstancias y nadie es capaz de determinar las causas de su muerte. La única pista con la que cuenta la policía es una huella encontrada cerca del cuerpo. Es la huella de una pisada pequeña, muy pequeña...
Una investigación sembrada de indicios inquietantes que se sumerge en el lado más oscuro de la mente humana, el que goza con el dolor.
«Los amantes de los thrillers van a verse peligrosamente atrapados por una creciente sensación de angustia.» Le Parisien
«Un laberinto que conduce al corazón del infierno. Una novela que atraerá a los lectores más devotos de Grangé; en ella encontrarán oscuridad suficiente para contentarlos. El rey del thriller francés ha escrito su mejor libro.» Le Figaro Magazine
La lampara roja - Arthur Conan Doyle
______________________Arthur Conan Doyle
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Nació en Edimburgo en 1859, en una familia católica de origen irlandés. Su padre era un funcionario alcohólico y epiléptico, pero pertenecía a una familia rica e influyente de artistas. Arthur fue educado en un internado jesuíta inglés y estudió Medicina en Edimburgo, donde se licenció en 1885. Trabajó en un hospital de su ciudad, fue médico a bordo de un ballenero y, a la vuelta, abrió consulta en Southsea, sin mucho éxito. En 1879 había publicado su primer relato, The Mystery of the Sasassa Valley, pero no sería hasta 1887 cuando crearía al personaje que habría de hacerle célebre, el detective Sherlock Holmes, en Un estudio en escarlata. Con El signo de los cuatro (1890) y La compañía blanca (1891) pudo abandonar el ejercicio de la medicina y dedicarse a escribir. Las aventuras de Sherlock Holmes (1892) y Las memorias de Sherlock Holmes (1894) fueron un gran éxito, pero el detective no reaparecería en su obra hasta El perro de los Baskerville (1901 ) y, por la generosa oferta de una revista neoyorquina, en El regreso de Sherlock Holmes (1903). En 1900 había combatido en la guerra de los bóers y en 1902 publicó The War in South Africa: Its Causes and Conduct, por el que fue condecorado. El mundo perdido (1912) y El valle del terror (1915) se cuentan entre sus últimas obras de ficción. La magia y el espiritismo (sobre el que escribió varios libros) fueron sus intereses de esa última época. Murió en 1930 en Crowborough, Hampshire.
La lámpara roja:
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Aunque por tradición familiar Arthur Conan Doyle estaba destinado a las bellas artes, sorprendió a todos eligiendo la carrera de Medicina, que ejerció casi quince años en hospitales, barcos balleneros y consultas privadas. En 1894, habiendo creado ya a Sherlock Holmes y cimentado su fama como escritor, quiso rendir un homenaje a su antigua vocación y publicó La lámpara roja, una colección de relatos, algunos reales, otros ficticios, en torno al ejercicio de la medicina. Hay entre ellos recuerdos de antiguos médicos desfasados, de la angustia del estudiante en la primera operación de cirugía que debe presenciar, de las dificultades de los comienzos profesionales, de casos misteriosos, extraordinarios, ridículos o trágicos donde «no es necesario dejarse llevar por la imaginación [...], porque la realidad siempre supera todo lo imaginable». Pero también se reconoce limpiamente en algunos de estos relatos al autor de Sherlock Holmes: en «El caso de lady Sannox», una daga turca ènvenè- nada es instrumento de la más siniestra venganza; en «El lote número 249», un estudiante de lenguas orientales y una momia comprada en una subasta protagonizan una gótica intriga detectivesca. En conjunto, éste es un excelente y revelador volumen, que, junto al clásico Conan Doyle más popular, permite descubrir algunas de sus facetas menos conocidas.
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